Cada cierto tiempo me gusta ir a la biblioteca de mi ciudad y pedir prestado libros. Me gusta recorrer las estanterías, y gratamente siempre encuentro algo interesante escondido. En una de las tantas estanterías encontré varios libros de Dan Brown. El primero que por supuesto me llamó poderosamente la atención fue El Código de Da Vinci, que según yo es su obra más reconocida. Sin embargo esta obra me he visto su película una infinidad de veces, además de Ángeles y Demonios e Inferno. Ya sé que las adaptaciones a series o películas nunca le hacen justicia a los libros, sin embargo tomé la decisión de no leer el libro de las últimas 3 obras mencionadas y leer otras dos obras que francamente no tenía idea que existían, El Símbolo Perdido y Origen. Ya tengo leído el primero, y ahora comenzaré con el de Origen.
Pues bien, el libro comienza con Robert Langdon viajando al Capitolio a pedido de su buen amigo Peter Solomon. Sin embargo quien llama Robert no es el mismo Peter, sino su «ayudante». Este ayudante le solicitó urgentemente que vaya al Capitolio a dar una charla. Además, este ayudante le pide que lleve un paquete que hace años le pasó Peter para que Robert lo cuidara.
Robert al llegar se dio cuenta que no había ninguna charla o conferencia que dar. Esto desconcertó a Langdon. Él trató de llamar a su amigo Peter, pero este no contestaba, más bien le contestó el mismo ayudante. En este punto Robert se enteró que Peter está secuestrado por Ma’lakh, el tipo que se hizo pasar por el ayudante de Peter Solomon. Ma’lakh le indica a Robert que debe encontrar una especie de portal y que para ello va a necesitar de una pirámide que poseen los Masones. Por cierto, Peter es un Masón del trigésimo tercer grado, es decir, uno de los más altos rangos dentro de los Masones.
En todo este drama va a estar involucrada la Oficina de Seguridad de la CIA. De hecho ellos aparecen tan pronto como Robert y Anderson, un jefe de policía del Capitolio, ven una mano cortada haciendo el gesto de La Mano de los Misterios. La jefa de la OS es Inoue Sato y ella quería dar con el paradero de Ma’lakh, dado que había en juego algo que podría causar el caos en Estados Unidos e incluso en el mundo.
Naturalmente, Robert estuvo obligado a buscar el portal, esto con el fin de recuperar a su amigo Peter, a su vez Sato estaba más interesada en dar con Ma’lakh para detener lo que podría causar discordia en el mundo. Eventualmente y tras seguir al director de policía, caminaron debajo del Capitolio para llegar a un cuarto. Dicho cuarto es como un lugar de meditación Masón. En ese lugar encontraron una pirámide, pero le faltaba la cúspide. La Cúspide la traía Robert. Al principio mencioné que el ayudante le había solicitado a Langdon para que lleve un paquete, y en efecto en dicho paquete estaba la otra parte de la pirámide. Con dicha pirámide lograron encontrar más pistas para lograr dar con lo que verdaderamente quería Mal’akh, la Palabra que descifra todos los misterios del mundo.
Debo reconocer que este libro es muy denso, y no me refiero a la cantidad de páginas, sino que trata muchos temas y va directo al grano en los temas, eso hacía muy ameno la lectura. En este libro además de la simbología Masón que rodea toda la trama, tenemos un drama familiar muy profunda. Peter Solomon tuvo un hijo, que supuestamente llevaba años muertos. Su hijo resulta que es Ma’lakh. Además Peter tiene una hermana que se dedica a la ciencia Noética, una rama que relaciona lo espiritual con lo físico. Un ejemplo de lo que menciono es que si muchas personas logran concentrarse podrían generar cambios tangibles. La idea de la ciencia noética es poder cuantificar de manera empírica lo espiritual.
Sin lugar a duda este libro me hacía reflexionar mucho. A mi modo de ver, El Símbolo Perdido es más o menos filosófico. Espero que puedan leer esta obra, para sacar sus propias conclusiones. Esta lectura la disfruté muchísimo.
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